100 años (de un esfuerzo común)

Ayer se cumplieron 100 años de la Cooperativa agrícola de Gandesa. Una de las zonas más desfavorecidas, de las comarcas de la Cataluña rural.
Ayer se cumplió la regla de que, el esfuerzo común de sus socios -eran 19 cuando se empezó- tiene, con la voluntad de todos, su continuidad, y su progreso, compartido por todos, y su permanencia en el tiempo, y con él, la supervivencia, de una forma de vida, de un amor a la tierra de los antepasados -que pasa a ser la de uno desde el momento que nace en ella- y la ama… Y con ella el legado de sus mayores. A eso llamamos -nosotros, los carlistas-TRADICIÓN.
Que la Tradición no es “conservadurismo”. La Tradición es: recibir algo de tus antepasados, hacerlo evolucionar, y crecer, y mejorar -a través del tiempo- y del esfuerzo de todos, los que comparten ese amor a las cosas, a la tierra. El respeto a los que fueron antes. Y con el esfuerzo de todos, hacerlo perdurable, en el tiempo, y aún en contra de las adversidades, que pueden surgir. Y que no son pocas.
Tiene, este edificio -centenario hoy- en si mismo todo eso que estamos comentando. Basta con ver su construcción… Esas bóvedas, construidas a base de ladrillos, de humildes ladrillos de barro, como todos juntos, uno al lado del otro, cuando no se usaba el “encofrado”, ni había hierro para otra cosa que para las grandes empresas, que lo gastaban en beneficio de otros grandes poderes económicos, la mayoría bastante alejados -o muy alejados- de estos
pequeños pueblos, donde se vivía -o “malvivía”-detrás de un arado, y un trabajo, de sol a sol, a la espera de una cosecha incierta. Y después de ella que llegaran “los ricos”, a “hacer su agosto”, a costa -como siempre- de los más humildes. Este edificio, centenario desde ayer mismo (y otros con él, de ese mismo arquitecto, en esta misma tierra, en estos mismos pueblos) nos dice, nos habla, y nos muestra -ahí está para quien quiera verlo- la verdad de ese “esfuerzo común”.
Ayer, se demostró, para quién quiera verlo, como, los hombres y mujeres, cuando se unen en algo que les es común -como esos humildes ladrillos- nada puede volverse imposible. Basta la VOLUNTAD de desearlo así. Y luchar por ello.
Una vez leí, en un libro, que: “había unas gentes que tenían un templo…, y no entendían el silencio del templo. Total, que lo desmontaron… Y ahora solo tienen ¡un momtón de piedras!”
(*)
El esfuerzo común, el compartir, con otros, un fin, un propósito, un deseo de hacer mejor la vida del conjunto, eso es lo que une a los seres humanos. Y luego, cada cual, con lo suyo, que haga lo que le plazca. Que no importa sino aquello que nos hace -a todos- mejores. Eso es lo que importa.
Ayer, los que allí estuvimos, vimos mirando esos humildes ladrillos de barro como -después de cien años- como, desde algún lugar, aquellos 19, pueden sonreir, satisfechos…

Hoy solo nos queda, como testigos suyos -cien años después- reconocer su esfuerzo. Y estar agradecidos.
Y, ser felices, por ellos y nosotros.

Sulpicio Motilla Olmo
(El hijo de un labrador…)

a TODOS LOS SOCIOS… ¡MUCHAS FELICIDADES! Y CIEN AÑOS MÁS POR DELANTE!!

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