CARTA AL GENERAL X

Carta al General X

(Antoine de Sant Exúpery) (Fragmentos…)

 

“… estoy triste por mi generación, porque está vacía de toda sustancia humana, porque no habiendo conocido más que el bar, las matemáticas y los Bugatti, como forma de vida espiritual, se encuentra hoy inmersa en una acción que ya no tiene ningún color…”

“Hoy, no hay nada que posea la densidad poética de un Austerliz, solo fenómenos de digestión, lenta o rápida. Todo lirismo suena ridículo y los hombres no quieren que se les despierte a una vida espiritual, sea cual sea…”

“Odio mi época con todas mis fuerzas, en ella, el hombre se muere de sed…”

“Ya ve usted, uno ya no puede vivir sin frigoríficos, política, política, balances y crucigramas, uno ya no puede vivir sin poesía, sin color y sin amor. Solo con oir un canto aldeano del siglo XV se da uno cuenta de la degradación. Solo queda la voz del robot de la propaganda (con perdón). Dos mil millones de hombres solo oyen el robot, se convierten en robots. Todas las rupturas de los últimos treinta años, surgen de dos únicas fuentes: los callejones sin salida provocados por el sistema económico del siglo XIX, y la carencia de una esperanza espritual…”

“… Solo hay un problema, solo uno: redescubrir que existe la vida del espíritu más elevada que la vida de la inteligencia, una vida del espíritu que es la única que satisface al hombre…”

“… el hombre ya no tiene sentido.” “Es imprescindible hablar a los hombres…”

“¿De que servirá ganar la guerra si después tenemos que soportar ataques de epilepsia revolucionaria durante cien años?….”

“A falta de una corriente espiritual fuerte, brotarán como setas treinta y seis sectas, que, a su vez, se dividirán. El mismo marxismo, demasiado anticuado, se descompondrá en una multitud de neo-marxismos contradictorios. A menos que un Cesar francés no nos meta, para toda la eternidad en un campo de concentración neo-socialista.”

“En esta época de divorcios, la gentes también se divorcia con suma facilidad de las cosas. los frigoríficos se pueden cambiar, y la casa también, si solo es un ensamblaje de cosas, y la mujer, y la religión, y el partido. Ya ni siquiera se puede ser infiel. ¿Infiel a que? ¿Lejos de donde; infiel a qué? Desierto del hombre.”

“Estamos castrados de una forma muy curiosa. De este modo por fin somos libres. Nos han cortado los brazos y las piernas, y después nos han concedido la libertad, concedido la libertad de marcharnos. Yo odio esta época, en la que, bajo un totalitarismo universal, el hombre se convierte en ganado afable, educado y tranquilo. ¡Nos venden eso como un progreso moral! Lo que yo odio en el marxismo es el totalitarismo al que conduce. Lo que yo odio en el nazismo, es el totalitarismo al que tiende por propia esencia.”

“¿Adonde van los estados Unidos y adonde vamos nosotros en esta época de funcionariado universal? Hombre robot, hombre termita, hombre que oscila entre el trabajo en cadena sistema Bedeaux y la “belote”, hombre castrado de todo su poder creador y que ni siquiera sabe crear, desde lo hondo de su aldea, ni una danza, ni una canción; hombre al que se alimenta con una cultura convencional, con una cultura estándar, como se alimenta a los bueyes con heno. Eso es el hombre de hoy”.

“Conseguiremos perfectos instrumentos musicales distribuido en grande series, pero ¿Dónde estará el músico?”

“Cada vez se menos, porqué le cuento todo esto. Seguro que por contárselo a alguien, ya que no es esto lo que debo decir. Hay que favorecer la paz en los demás, y no incrementar los problemas””

“Desde que empecé a escribirle, dos camaradas se han quedado dormidos delante de mi…

Estos dos camaradas, a su modo, son maravillosos. Son rectos, nobles, diáfanos, leales. No se porqué, al verlos dormir así, experimento una suerte de impotente piedad, ya que puedo sentir su propia inquietud, aunque ellos lo ignoren. Rectos, nobles, diáfanos, leales, si, pero terriblemente pobres también. Necesitarían tanto tener un dios… Perdóneme si esta pobre lámpara eléctrica, que ahora voy a apagar, tampoco le ha dejado dormir a usted.

Considéreme su amigo.”

Antoine de Sant Exúpery.

Esta reflexión, este temor de ese Gran autor, de ese hombre, que al fin, solo fue eso, sigue hoy esperando que, nosotros u otros, los que vengan detrás, pongan, desde allí donde estén, remedio a todo este caos, que llamamos “normal”.

Nosotros, desde esta humilde

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