Mirando hacia atrás…

“Mirando hacia atrás… (sin ira…)

(“La España vaciada….”)

En aquellos tiempos en que “reinaba” ese tal Felipe González (hoy una “vetusta crónica del pasado”…), se llevó a cabo una “reconversión industrial” -entre otras cosas- que dio al traste, entre otras cosas, con el tejido industrial textil de Cataluña, y otras lindezas del resto de España (Pegaso entre otras, casi innumerables). También, en aquél tiempo, era necesario “poseer algún titulo” de lo que fuera -aunque no se tuviera ni pajolera idea de para que servía- ni de los contenidos que ese “titulo” llevaba aparejados… Solo había que ser -sobre todo de cara a Europa -otro día hablaremos de ella- para tener, en el “concierto de la naciones”, una “voz propia” que estuviera a la altura de lo que se pretendía. Y así…

Llenos de buena fe, y esperanza, muchos enviaron a sus hijos a “estudiar”. A ser “mejor que sus padres” y a tener un “nivel de vida” al que, legítimamente, se tenía derecho… Y nació la “titulitis”. Se cargó -textualmente hablando- la Formación Profesional, y todo, o casi, de lo que podía representar, y era, el “trabajo manual”. Dicho en claro: los oficios. Aquellos que hicieron, durante décadas que, los que no podían pagarse la universidad, tuvieran un medio, honrado y noble, de “ganarse la vida…” Y otras cosas que, ahora mismo, no son al caso. Pero diremos a guisa de ejemplo: la nacionalización de la Red Eléctrica. Muy aplaudida entonces, por los rebaños de “cortos de mira” que no supieron ver que: de ese modo, los únicos beneficiarios eran las propias compañías eléctricas, que así, de este modo evitaban gastos de mantenimiento, y crecían sus beneficios. (INCISO.- Hoy vemos, en sus Consejos de Administración, a muchos ex – políticos, de toda raíz y condición, sentados allí… Dicen que “tomando decisiones”. Pero no es este el motivo de este articulo. Volvamos pues a él).

Decíamos de la “titulitis”…

Y también, por aquel tiempo, una humilde gacetilla carlista: “El Papelito”, reedición de otra anterior, nada menos que del siglo XIX, del tiempo de D. Carlos VII, refiriéndose a ese abandono de la casa de los padres, de la agricultura, del trabajo en el campo, y de lo que era el esfuerzo diario, no solo del trabajo, sino de la lucha -que hoy sigue- por unos precios justos, se marchaban a la “gran ciudad” a ver si podían, en algo, mejorar su futuro asaz incierto. (Hoy seguimos igual… ¿o pensáis que no?).

Decíamos que, en aquella humilde gacetilla, alguien escribió:

“Sembraré mis campos de sal…

Y, de mi casa, quemaré el granero…

Y cegaré la acequia que regaba, con su agua cristalina

el pobre huerto…

Y soltaré mis animales todos: gallinas, conejos,

cerdo, todos…

Y marcharé a la ciudad…, de jornalero.

Y trabajaré duro…

Y ganaré dinero…

Y seré…

Un miserable ¡con los bolsillos llenos!

Ahora -otra vez- nos hablan de la “España vacíada…”. Ahora que la vida en las ciudades, es, para muchos, poco menos que insoportable, porque apenas si se llega a “fin de mes…”

 

Ahora que los agricultores, parece, que ¡al fin! unen sus fuerzas para mejorar su medio de vida -o es por otra razón, que también vemos “entre líneas”- se acuerdan de la “España vaciada…” y, dicen, que se van a preocupar por mejorar eso… Ojalá sea así. Ojalá toda esta solidaridad que, el pueblo español está demostrando estos días, no acabe cuando acabe esta epidemia cuyo origen ya se está poniendo en duda, por encima, y por debajo, de las “tesis oficiales”, que, como otras, tampoco están nada claras…

 

Ahora “miramos hacía atrás…” pero lo hacemos sin ira, que dice nuestro encabezamiento. Porque la ira no trae consigo sino más daño del que, en su origen tiene. Pero si para aprender.  Para que, cuando acaben estos, días sea verdad que somos un pueblo. Un pueblo en el que luchan unos por los otros, y Dios por todos. (Como está escrito en una pared de un pequeño pueblo de Navarra… “unos por los otros, Dios por todos”. Cooperativa de Olite).

 

Un cordial saludo amigos lectores.

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