Cartas al director… “El pecado de Judas…”

 

Estos días de “semi-confinamiento” he tenido la ocasión de ver -de nuevo- la película “La Pasión de Cristo”, que ese nuevo director-actor (Mel Jibson) hizo publica unos cuantos años atrás. (Me dice quien me la ha prestado que: con permiso del Vaticano, y que antes no se emitió al publico. Y que fue aceptada, como la mas real versión ocurrida en aquel ya lejano inicio de nuestra Era…). La cosa es que he tenido tiempo, ese “confinamiento” da para algunas cosas, creo que buenas, de “estudiar” un poco todo aquello.

No he de repetir aquí, lo que es de todos conocido, sino decir -con su permiso- una opinión sobre ese controvertido personaje que se llamó Judas el Iscariote.

En la película que comento -no hecha para “pusilánimes” y sensibleros -de los que hay, y muchos- termina el film, con una escena en la que Judas (el apóstol traidor) aparece colgado por el cuello, de un árbol, a cuyos pies hay un sano (borrico) comido por los gusanos, y en evidente estado de putrefacción…. No deseo yo, si no interpretar dicha escena, desde un punto de vista -si me permite- un tanto “simbolista”. En el que, ese borrico, no sería otra cosa que: el final del mal, hecho acaecido, como consecuencia de un acto abominable…

Y, de ahí, extraigo esta idea que, me atrevo, a exponer a continuación…

El pecado de Judas (llamado Iscariote) no fue la traición, que el Maestro, sabía y conocía de sobra. También que ese “apóstol” sería quien le delataría. Así pues Jesús, aceptaba su final, como en efecto sucedió, “..por designio de su Padre Celestial…”, y que para eso se encarnó como hombre…

El pecado de Judas, fue la DESESPERACIÓN.

El OLVIDO, de la Misericordia Divina. El pensar, y aceptar, que SU pecado no podría ser reparado….

Ese, entiendo yo que fue el verdadero pecado de Judas. OLVIDAR, la verdadera naturaleza del que era su “maestro”. Y sus enseñanzas…

Compartir, con otros, la llegada de un “mesías” que libraría a su pueblo de la “bota romana”. Era algo que compartían todos -o casi- los judíos de su tiempo. Y que era -convenientemente “aliñado” por los sumo-sacerdotes del Templo- (ahora llamados, con evidente sarcasmo, muchos de ellos, “demócratas”, aunque su nombre, según yo le entiendo, sigue siendo: FARISEOS. O sea, como dicen las Escrituras: “sepulcros blanqueados”).

No trato, sr. Director, de reivindicar esa figura de la Historia. Únicamente digo -y muchas gracias, por la publicación de esta carta, si llega a serlo- que reivindico la oportunidad de la ESPERANZA. El saber que existe la MISERICORDIA, y que un JUEZ JUSTO, si ha de condenar, lo hace. Y si ha de perdonar, con mas razón aún, TAMBIÉN.

 

Muchas gracias. Sr. Director.

30 de Julio de 2020

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